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Estrellas en el horizonte (no tan lejano)

viernes, 25 de marzo de 2011

Y él solo conmigo...



Yo le diría muchas cosas que no es tan necesario decir. Yo haría una marioneta, un túnel, cualquier cosa para regalarle.
Pero prefiero su ventana, sus piernas, el cielo azul, los mástiles -en donde nacen las esferas y las bocacalles- los libros que él lee, las fotografías que documentan la vida que no le conozco, cuando yo andaba quién sabe por dónde, extraviada y temerosa.
Y él solo conmigo, mientras la tarde afuera, cargada de destinos, me recuerda el fervor amontonado de los días, las horas degolladas en la Torre de los Ingleses, la apresurada andanza de los hombres hacia el límite y sólo él no tiene límite y no se puede alcanzar, agarrar, porque es amontonado como la idea de Dios, del espacio y del tiempo y sin embargo es tierno y me dice palabras dulces y nunca lo poseeré del todo.
Ah, pero yo conozco noches de fiebre, cantos de esquinas familiares -en donde nacen los deshollinadores- lámparas encendidas sobre libros despiertos y el decoro de viejas historias de muertos y de lugares y me asedian vigilias prolongadas y su recuerdo, el único y auténtico fantasma y tengo para él sueños y ansias y voces y locuras y la pureza conocida de mi segura muerte y de mi cierta vida.

1 comentario:

lore dijo...

ohhh! wooow! me encanto! es muuy bueno!