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Estrellas en el horizonte (no tan lejano)

sábado, 12 de noviembre de 2011

Ellos deben desatarle el nudo a la historia



Esa noche llovía. Llovía con fuerza. De esas tormentas que el cielo se ilumina, que los truenos rompen el más profundo de los silencios.
Y lo que caía, de forma fina e intensa, no era agua, eran ganas, era deseo.

El cielo se iluminaba sí, pero lo que refucilaba, era el brillo de sus ojos.
Tronaban con potencia, a un volumen tan alto como para que sólo ellos lo escucharan, los latidos de sus corazones a ritmo acompasado.
Se miraban sin animarse a pronunciar palabra alguna, pero no hacía falta, sus miradas lo decían todo.La de ella pedía a gritos que la amaran. La de él mostraba esa sensibilidad diferente, que sólo los hombres de carácter duro pueden esconder tras su piel, y mostrar en sus ojos.
El aire condensaba diferentes aromas: un perfume seductor pero a la vez inocente, el humo de sus cigarrillos, los vapores de alcohol que emanaban sus vasos... esos tragos que mareándolos, los habían decidido a decirse todo lo que estaban sintiendo, pero sin mediar diálogo.
El frío asperaba sus pieles, pero las caricias que se profesaban a distancia prudente, las suavizaba.Ninguno se animaba a romper ese campo magnético que a la vez que los unía, los separaba.
Hizo falta un movimiento descuidado de las manos de ella, que con la ternura que él le inspiraba, se acercó a su cabeza, para ordenarle el pelo desordenado.
Y ese campo que no habían podido quebrantar, pasó de ser magnético a uno de batalla.Todas las sensaciones que llovían se arremolinaron, y sin ni siquiera pensarlo, de pronto sus bocas se encontraron en un beso tímido, como todos los primeros besos.
Se reconocieron perdiendo posiciones en esa guerra de vulnerabilidades, y descubrieron que lejos de perderla, de esa manera salían victoriosos...
A ellos todavía les queda darle el giro literario a ese cuento, decidir si entregarse los corazones para ser reparados o quedarse estáticos e incrédulos.
Ellos deben desatarle el nudo a la historia, ese que tienen en el pecho y que sólo pude desenmarañarse con más besos y con poca charla.

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